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El año del pensamiento mágico

Joan Didion - The year of the magical thinking - 2005




Casi 20 años después, quiero entregar mis más sentidas condolencias a Joan Didion. Ella no me conoce, probablemente no conoce ni a un 10% de quienes han leído sus memorias en El año del pensamiento mágico (2005), pero aun así, quisiera hacerle llegar mi más sentido pesar. Espero, sinceramente, no tener que vivir el dolor de perder a mi compañero de vida.

Recuerdo haber leído en el resumen de este libro: “narra con fascinante distancia emocional” la muerte de su marido. Creo que estas memorias podrán llamarse de muchas formas, pero jamás distantes. La distancia podrá hallarla el lector poco cultivado que se fascina con el morbo de la muerte, o con lo trágico de lidiar con el duelo mientras tienes un hijo gravemente enfermo. Ambos son hechos fundamentales de la narración, pero son solamente eso, hechos que la hablante desmenuza bajo el filtro de lo racional, de las fuentes contrastadas, de los recortes de obras literarias y cinematográficas que reconstruyen el dolor de una mujer.


Joan Didion, vive y siente igual que toda viuda, pero da testimonio de ello. Desde el comienzo de su narración, Didion declara cómo ha llevado toda la vida siendo escritora y este texto es solo una extensión de ella misma: “es mi forma de ser o la forma en que he acabado siendo”. Consciente de sus limitaciones, incluso deseosa de entregar fotogramas de su memoria antes que capítulos insípidos, Joan Didion se aventura a desglosar dos ideas principales: “la vida cambia en un instante” y “la cuestión de la autocompasión”. Didion escribe retrospectivamente para adentrarse en meses que exigen alta resiliencia: la enfermedad de su hija, Quintana Roo Dunne, y la repentina muerte de su compañero de vida, John Gregory Dunne.


La voz testaruda de esta mujer resiste los embates del dolor mediante estructuras propias de su oficio periodístico: investigar, analizar y narrar. Es por todo esto que, El año del pensamiento, es un libro de resistencia. En 20 capítulos nos aproximamos a la experiencia de perder a un ser amado cuando debes mantenerte fuerte para cuidar de otros. El acto de lidiar con el dolor, que exige toda atención, viene a oxigenar una serie de eventos rutinarios que las personas de duelo reconocerán: ordenar ropa y papeles del difunto; interrupciones de pensamientos y conversaciones, porque el receptor simplemente ya no nos acompaña, y el gravísimo problema de disimular la autocompasión; porque pueden pasar cosas peores a nuestro alrededor, pero la falta de quien amamos sigue pesando más que los pensamientos del día.


Pasamos las páginas en El año del pensamiento mágico y sentimos que acompañamos a alguien en un proceso personal que no se puede apurar. La separación del matrimonio Dunne Didion ilumina cómo el matrimonio es una especie de memoria y, asimismo, la negación del tiempo. Nos compadecemos de Joan porque en su generosidad de rememorar por escrito también la vemos indefensa y naciendo en un nuevo estado: “Me pasé 40 años viéndome a mí misma con los ojos de John. Yo no envejecía y este último año por primera vez desde que tuve 29 me he visto a mí misma con los ojos de otra gente”. Tras cada capítulo, nos reconocemos compañeros de una hablante que está viviendo un duelo interno, porque ella cumple con esa fórmula tan certera, y a veces tan oculta, de que “cuando lloramos a nuestros seres queridos también nos lloramos a nosotros mismos para bien o para mal. Lloramos a quien lloramos, a quienes ya no somos y a quienes no seremos definitivamente un día”.


Quizá sea por este último punto que El año del pensamiento mágico ha tenido especial eco en nuestros círculos de lectura durante el año 2020. Es un libro de 2005, iluminado por la atención de lectores que se adentran en la pena ajena para salir con un renovado sentido de autocompasión, hacia ellos mismos y su entorno. En tiempos donde todo parece suspendido, donde tenemos más limitantes que garantes, Joan Didion aviva las brasas de un amor de familia que trasciende salas de urgencia y funerales, incluso los departamentos solitarios que esperan recibir a amigos, colegas y familiares nuevamente. En El año del pensamiento mágico existe un principio de realidad, de familia, que permanece y nos reúne gracias a la memoria de una madre y esposa que tiene la bondad de ser periodista y escritora.

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