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Opiniones de un payaso

Cuando puedas describir un libro querrá decir que lo has matado; y soy muy joven como para andarme con cuentos con la Ley, mejor es hacer uso de la prudencia y volver la mirada hacia esas obras que sorprenden por sus estructuras extrañas.




Heinrich Böll (Colonia, 1917 – Langenbroich, 1985), tiene algo de polvo para nuestras librerías contemporáneas, pero valdría más que la pena echarle una mirada a esa novelita titulada Opiniones de un payaso (1963). Una novela construida a partir de un protagonista que se dedica un par de días a ejecutar llamadas con el único motivo realmente honesto de un artista desempleado: pedir plata. Sí, bien sabemos que existen varios tipos de artistas, los tenemos grandes y flacos, unos son mantenidos y otros simplemente deprimidos. Bueno, Böll no se pone a inventar la rueda e invita a sus lectores a gozarse de un protagonista, artista y fracasado, que enfrenta su situación bajo la protección de un sarcasmo sin detractores.


Guarecido en un departamento sencillo, cortesía de un pariente difunto, el señor Hans Schnier reflexiona sobre su vida suspendida, producto de su fracaso artístico. De oficio payaso, pero lesionado de una rodilla, Schnier se hace a la idea de no poder actuar a lo menos durante un año y decide seguir la única alternativa viable: regresar a Bonn, su pueblo natal, y reorganizar sus prioridades mientras consigue financiamiento para este tiempo de obligada reclusión.


El payaso de Böll pareciera estar detenido entre su caída del escenario y su caída amorosa. Es en este espacio donde se abre paso el espectáculo de examinar su familia, el amor, el arte, el dinero e, incluso, a sus amigos con una descarnada honestidad. Cada uno de estos serán meros capítulos que se recorren entre llamadas telefónicas con salidas ocurrentes y atmósferas cargadas de tensión. La línea pende de un hilo y, antes de que cada invitado cuelgue, Böll se las ingenia para mostrarnos recuerdos, historias y deseos de nuestro joven Hans. Así es como nos adentramos en la tensión de su época de escuela, con una educación pronazi que critica duramente; en su tensión familiar, viva imagen de una Alemania herida por su historia y que tantea caminos de reconciliación; y finalmente, adentrarnos en su tensionada vida amorosa que circunda a una única mujer, Marie, quien nos regala una de las escenas más bellas y tristes de abandono.


Opiniones de un payaso es una novela que debería leerse de un solo viaje porque su protagonista hila sin pausa. A partir de un contacto se despliegan sensaciones, recuerdos, ironías y tragedias personales que, por más nimias y absurdas que sean, logran dar densidad a su propia realidad. Esta misma que se desmenuza únicamente con la ayuda del sarcasmo y la ironía. Böll llevará estas herramientas hasta el extremo de golpear los traumas nacionales con frases como: “Joven, hay diferencia entre caer en una guerra dirigida por una firma de jabones y morir por una causa en la que se puede creer” (47). O también para poder discutir la crítica con su propio fracaso como artista diciendo líneas que podrían golpear cualquier diario de hoy:

“Que los críticos critiquen no es lo malo en ellos, sino el que para sí mismos pierdan el sentido crítico y el del humor”

Henrich Böll hace resonar cada detalle con un protagonista que así lo advierte: “No comprendían que el secreto del temor residía en los detalles. Resulta facilísimo arrepentirse de las cosas grandes: errores políticos, adulterio, crimen, antisemitismo, pero ¿quién perdona a quién, quién comprende los detalles?” (186). Por ello mismo, Böll apunta a dotar de especial sentido al silencio, a las miradas sutiles y los comentarios al voleo de un protagonista que hace relucir la pequeñez humana, la comprensión de las mezquindades propias y ajenas. Hans ha vivido para mantenerse fiel a sí mismo y soportar esa claridad propia de los locos y los payasos: la visión de una vida desvestida de los cinismos que engrasan el movimiento de mentiras a medias, egoísmos solapados y soledades que caminan de la mano bajo el rotulado: “vida en sociedad”.


Opiniones de un payaso es una novela aguda y exige cierta sensibilidad pero, si el lector se encuentra en ese mirador especial, Böll no lo defraudará. La historia de Hans Schnier revela situaciones conocidas y, en ese ejercicio de verbalizar los fantasmas, el lector se verá confortado reconociendo que la soledad de Schnier es, en un momento u otro, la soledad de todos nosotros.

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